jueves, 18 de septiembre de 2008

Hola, soy amigo de



(Por Hipotálamo)
¡Cállate, cállate, que las desesperas! No es que no te tengan paciencia. No te soportan, estúpido. Es tupido tu pelo, tu camisa flota, tu celular pende, tus migas se escurren, tu etiqueta se despega, tu zapato se despunta, tus pómulos se corroen, tus muelas se roen, tus orejas se nublan, tu nariz se deforma, tu forma, puaj. No las dejaste hablar. Te creíste el rey de la preparatoria, pero tus amigos no entraron. Jalaste la solapa del hombre efébico, activaste el emoticón, simulaste años, pasaste. Adentro, hola, hola, cómo va, dale, dale, subo, subo, hola, ¡hey! ¿Hey? ¿Ho? Jojojo. Alzabas la mano como te enseñó el pen, mientras leías El péndulo. Sí, nena, leo a Foucault. Estúpidos nosotros, pensábamos en Eco, Eco, Eco. Tus palabras armaron un flipper. Y flotabas entre pitadas, como una mascota perlada, con el poco aire que te quedó del after, después de la aspiradora. Husmeabas como un perro, olías las carteras, te prendías a los pantalones, ladrabas mal, ronroneabas mejor, infiel, eras un gato, acostumbrado a las cornisas. Ya vas a caer.
¡Pero si yo no hice nada! Creías que no. Hasta que vine yo. Y te vi. Tus ademanes irritan. ¿Fuiste feliz alguna vez? Hoy, cuando te levantaste, en serio, ¿hola, hola?, ¿dale, dale? No te creo. Palpaste tus bolsillos, uf, quedaba una moneda, le soplaste tu aliento, se puso ocre y la máquina del ómnibus la escupió. Pero si ómnibus significa para todos, pensaste. Míralo a él, míralo a él, estudió latín una semana y se cree vástago-us-a-um. Si supieran que al ayudante de cátedra le gustaron los ayudantes de cátedra y los alumnos de pelo tupido, hasta que lo conoció, le susurró respuestas: a, c, a, b, a, a, c, a. Le dio las gracias sin captar el mensaje/propuesta/suplicio. Volvió al pupitre para zurdos, giró el torso, pss, pss, dale, dale, las respuestas. Entumecido, llegó el ayudante, ¿se les ofrece algo? ¡Dómina, dómina-ae! Estos chicos, ay, qué lindos son, no debo decirlo, estos chicos están plagiándose, ay, qué lindos son, si vinieran a mi casa una noche, pero en qué se vuelven, sí, tengo que esperar que ella se jubile, y subo, subo, hola, ¡hey!

3 comentarios:

Lammoglia dijo...

delirante, me gusto

Anónimo dijo...

UH,uh,¡qué locura tienes tú!

Maricel dijo...

uhhhh!! una locura delirante, con un pensar discreto"?...claro está..que está claro?-...