domingo, 22 de febrero de 2009

E

Había llovido toda la noche en Buenos Aires y las luces descansaban sobre el reflejo de los adoquines. Cuando dejé de preocuparme por mi sobretodo negro a rayas encontré una E. Era roja, de goma. La había perdido un nene de la cuadra por la yo ahora caminaba. No buscaba nada, quizás el amor. Estaba en Uriarte al 1300, no porque esa calle me llevara a alguna parte sino por el rumor de las hojas. Fui fácil porque no tenía planes para el domingo (el próximo también estoy libre). El sobretodo estaba abotonado y me gustaba llevar las manos en los bolsillos, especialmente en el derecho, donde comencé a deformar la E. Como el rojo de la goma combinaba con los ojales del sobretodo y la costura de la remera, me gustaba sacar la E para jugar en el camino y presumir el nuevo juguete. Si tengo en cuenta que elegí las calles con hojas verdes, empapadas y libres de caca, estuvo bien que una chica que paseaba el perro mirara mi cara y luego, sin resistencia, envidiara la letrita. Habitual en mí, pretendía ignorar el interés que causo como si el celibato fuera una elección y empecé a manipular la goma: simplemente acostando la E formaba una m como esta, de molde minúscula; más complicado era deprimir las puntas con dos dedos y con uno de la otra mano levantar la parte del medio para lograr una W; con un poco más de presión sobre la base de la E, la alargaba para generar una F. Había un cuento que quería terminar esa tarde y lo hice cuando encontré un pasaje sin umbrales, despoblado para sentarme sobre el cordón, correr mis pies cuando pasó el único auto con la familia que regresaba del campo, y reparar de costado en la chica que llevaba pan casero en una canasta de mimbre casi diseñada para su piel. Una vez que el viento dejó de colarse por mis mangas (las había sacado de los bolsillos para leer) me fui. Antes de subirme al colectivo de regreso había una bolsa de residuos con ladrillos de plástico de distintos colores sin el encanto de la E, o la W, o lo que sea que el nene perdió y no recuperó porque su mamá lo quiere mucho y le da muchos besos en la calle, pero en el ademán de devoción le hizo soltar la letra y él le avisó con un grito que fue inútil porque algunas palabras no sabe pronunciar.

1 comentario:

Lammoglia dijo...

me gusto mucho, un abrazo grande.